Psyquiatria y salud mental
Pasquale Evaristo © Asterios Delithanassis Editore (Trieste), 2000
Prologo por Franco Rotelli | Introducción
| 1. Historia de la institución psiquiátrica
| 2. Gestión de la crisis en la Comunidad
| 3. Técnicas psicoterapicas y Servicios
Públicos | 4. Rehabilitación
en la comunidad del trastorno persisitente | 5. Inserción
laboral | 6. Intervención familiar
| 7. Necesidades complejas, recorridos cotidianos
de curación y derechos de los ciudadanos hacia los Servicios socio-sanitarios
| 8. Desinstitucionalización
| 9. Conclusiones: Hacia una psiquiatría comunitaria
| Bibliografia | Trieste,
20 años despues por G. Dell'Acqua (.doc 108
Kb)
9. Conclusiones: Hacia una psiquiatría comunitarian
A guisa de conclusión, si la asistencia
psiquiátrica en los diferentes países pretende ofrecer a los
ciudadanos enfermos un tratamiento menos aniquilador y más proyectado
hacia una rápida inserción social, tiene que plantearse algunos
objetivos (Rotelli, 1994).
(1) Desplazar las intervenciones de los Hospitales a
la Comunidad.
En los lugares en los que persisten los manicomios hay que comenzar rompiendo
su pesada inercia, enfrentándose a ellos con un trabajo tenaz, lúcido
y basado en la fantasía; hay que persuadir primero a los internados
y luego a nosotros mismos en cuanto profesionales y en cuanto sociedad, en
general, de que estas "carceles" son innecesarias.
Todos los recursos (dinero, personal, estructuras, etc.) devorados por esta
institución insaciable, para proporcionar un producto de mala calidad,
tienen que comenzar a fluir fuera de ésta, no hacia nuevos hospitales
sino hacia estructuras más pequeñas, más transparentes
y fáciles de controlar, que los ciudadanos puedan utilizar con vistas
a una efectiva producción de bienestar. <inicio>
(2) Desplazar el interés de la enfermedad a la
persona.
Es científico dejar que la mirada pase de los tratados de psiquiatría,
que describen enfermedades ideales, a los enfermos reales, que casi nunca
pueden ser reconducidos a aquéllas. Cada paciente es un sujeto que
ninguna categoría diagnóstica puede aprehender en su totalidad.
Su diversidad personal no se basa sólo en los síntomas, sino
en el diferente sentido dado a las cosas, en el recorrido biográfico
y en la comunicación de necesidades específicas. Y es a esto
a lo que hay que responder más que a los síntomas. Es la confrontación
global con lo otro lo que hay que situar en el centro de nuestra labor profesional.
Tenemos que ofrecer instrumentos interiores y concretos a la emancipación
de los fragmentos de autonomía posibles y a la valorización
de la comunicación del "loco" con los demás (no a
su bloqueo, para prevenir eventuales riesgos).
Acompañar a la persona en su "historia" de enfermedad más
que a la enfermedad en historias y personas que nos son desconocidas. <inicio>
(3) Proceder desde la acción individual a la colectiva.
Esto vale tanto por lo que se refiere al enfermo como al terapeuta.
Constituye una práctica bastante difundida a estas alturas, por ejemplo
en las teorías sistémicas, ampliar el campo visivo desde el
malestar del individuo al de su familia y al de su ambiente, para intentar
verlos y afrontarlos juntos.
También la Psiquiatría Social propone modificar culturas, recursos
y ámbitos de grupo para cambiar a los individuos.
La pobreza de recursos públicos nos impone valorizar las interacciones
positivas entre los pacientes (self-help), el soporte de los familiares, el
trabajo de los no-profesionales, la implicación de los ciudadanos,
la valorización de cualquier red social disponible.
Para los terapeutas esto significa tener que confrontar su saber profesional
y el poder institucional con sujetos y contextos inéditos, no previstos
por su formación. Significa tener que gestionar dinámicas y
relaciones no sólo intraindividuales e interindividuales y grupales,
sino intervenir en mediaciones institucionales complejas.
Y para ello no es suficiente contar con la competencia de un papel profesional
sino que hay que unirla a la de los demás roles, disminuyendo la separación
entre éstos, para lograr una flexibilidad y una intensificación
de la intervención. <inicio>
(4) Crear estrategias de Salud Mental con respuestas
múltiples.
Ante un objeto tan complejo y poco conocido como el trastorno mental hay que
valerse de un abanico de instrumentos lo más amplio posible.
Un Servicio organizado según un único modelo epistemológico
y operativo resulta por tanto completamente inadecuado; constituyen ejemplos
de ello el manicomio basado en la contención, el ambulatorio en la
psicoterapia, etc.
Hay que limitar el uso, todavía demasiado extendido, de la coacción
(física y química) y aumentar la atención a la relación
humana.
Hay que valorizar el uso de la acción directa, y no sólo la
manipulación simbólica o relacional, sobre todo para romper
la cronicidad.
Hay que reconocer como terreno terapéutico actuar las contradicciones
(expresiones de la complejidad humana) en su contexto: peligrosidad-enfermedad,
control-abandono; rechazo del estigma-supervivencia con la ayuda de las instituciones;
prejuicio del ambiente-acceso a los derechos civiles, etc. <inicio>
(5) Definir la acción y la responsabilidad profesional
en un área territorial.
Esto implica dejar de lado un empeño solamente dual, asumiendo la carga
que supone atender el problema del malestar psíquico de un área
territorial con el fin de promover/defender la salud mental del individuo
y de la comunidad. Para ello hay que ocuparse del circuito psiquiátrico,
público o privado, presente en ese sector, evitando el mal funcionamiento,
las deportaciones, los vacíos; y prestar atención a la revelación
epidemiológica de las necesidades así como a la subdivisión
y al uso de los recursos.
También hace falta afrontar la rigidez de lo social en sus actuales
reglas competitivas, que hacen más miserable la condición humana
y producen inmediatamente la extromisión de los intercambios sociales
de quien se ha distraído o debilitado momentáneamente; del mismo
modo que hay que poner en evidencia los mecanismos de expulsión hacia
abajo, hacia la psiquiatría, de las diferentes instituciones sociales
proporcionando respuestas evasivas.
¡Constituiría una excelente prevención recalificar los
espacios de la normalidad para no tener que limpiarlos más tarde; e
igualmente acercar de nuevo la norma a la realidad humana y no al contrario!
<inicio>
(6) Producir una acción terapéutica a nivel
tanto simbólico como práctico-afectiva.
En la intervención con el individuo no es suficiente una preparación
técnica que manipule fríamente las vivencias de los individuos;
hay que valorizar, ante todo, una relación de confianza enraizada en
valencias afectivas y dirigida a las transformaciones de la realidad mediante
un proyecto construido juntos.
No es posible prescindir de sí mismos como personas, si se pretende
dar una sacudida a personas que están bloqueadas desde hace años;
las emociones "caldean" los procesos humanos, las palabras, por
sí solas, no.
Hay que conceder asimismo el riesgo de la libertad en un recorrido de autonomía
verdadera; la protección continua crea inercia y coacción.
Además es necesario liberar a la persona cuando se haya fortificado
gracias a la relación con nosotros, para que la corriente de la vida
pueda volver a fagocitarla, volviéndola a conducir hacia sus relaciones
naturales, hacia la red de su contexto. <inicio>
(7) Favorecer la defensa de los derechos formales con
normas jurídicas y administrativas.
Defender los intercambios y el protagonismo social de los marginales en el
ámbito de las reglas de la economía y de la convivencia, así
como la posibilidad de que sean juzgados por la ley (evitar que sean objeto
de absoluciones que encaminan rápidamente hacia circuitos separados).
Concretamente hay que intentar plantear condiciones para que sean tratados
en su naturaleza de seres humanos, como los demás seres humanos; intentar
que las normas de protección no se conviertan en normas de exclusión.
Intervenir en los mecanismos institucionales o culturales que crean el prejuicio
contra los "locos" y obstaculizan concretamente la libertad de éstos.
Provocar un uso de los recursos de las Administraciones Públicas menos
centralizados, con más amplios sectores de gestión directa por
parte de los usuarios para sus procesos de agregación y de vida, de
creación de trabajo... <inicio>
(8) Favorecer políticas sociales para los sujetos
débiles.
Conectar las necesidades sociales de los pacientes psiquiátricos con
las de los demás marginados, con sus luchas sociales.
Implicar a las instituciones no psiquiátricas en las necesidades básicas
de los pacientes (casa, trabajo, formación, esfera social, solidaridad...).
Desvelar los mecanismos de producción de la enfermedad mental mediante
el funcionamiento evasivo-expulsivo de las instituciones del territorio y
la creación de una vulnerabilidad difusa (debilitación de la
familia, de las relaciones, ausencia de trabajo) que puede desembocar en la
marginalidad, en la exclusión y, más tarde, en la locura. <inicio>
En la actualidad la Psiquiatría Comunitaria
constituye un punto de pasaje obligado para el próximo futuro.
Pero ésta no significa reproducir en el territorio ideologías
y acciones que ya se han revelado inadecuadas en otros lugares, sino que debe
reconocer el límite de sus hipótesis y de sus instrumentos y
ponerlos a disposición de la comunidad, para que ésta pueda
conjugarlos con su propia sensatez global y con sus propias energías
humanas, teniendo como objetivo la salud mental de todos sus miembros. <inicio>
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