Psyquiatria y salud mental
Pasquale Evaristo © Asterios Delithanassis Editore (Trieste), 2000
Prologo por Franco Rotelli | Introducción
| 1. Historia de la institución psiquiátrica
| 2. Gestión de la crisis en la Comunidad
| 3. Técnicas psicoterapicas y Servicios Públicos
| 4. Rehabilitación en la comunidad
del trastorno persisitente | 5. Inserción
laboral | 6. Intervención familiar
| 7. Necesidades complejas, recorridos cotidianos
de curación y derechos de los ciudadanos hacia los Servicios socio-sanitarios
| 8. Desinstitucionalización
| 9. Conclusiones: Hacia una psiquiatría
comunitaria | Bibliografia |
Trieste, 20 años despues
por G. Dell'Acqua (.doc 108 Kb)
3. Tecnicas Psicoterapicas Y Servicios Publicos
De la hipotesis multifactorial del trastorno psiquiátrico, y del intento
de prestar atención preponderante a la persona, más que al trastorno,
nace la necesidad de integrar la mayor cantidad de recursos, capacidad profesional
y saberes técnicos que sea posible, para intentar contrarrestar ese
trastorno, que es, a la vez, multiforme e imprevisible.
Ningún instrumento tiene valor de absoluto, pero tampoco es rechazado,
si se acepta su relatividad, si es utilizado como conocimiento y no como solución
para todo, si se privilegia el problema del ciudadano y no la autoreproducción
obligada de su propia oferta, si se acepta, en fin, de formar parte de un
enfoque de lectura y de una intervención global e integrada de las
necesidades de los enfermos.
De esta manera, incluso las técnicas psicológicas enriquecen
y encauzan hacia el "objetivo salud" el ámbito de su intervención.
Aquí se intenta ejemplificar el uso de los elementos constitutivos
de una técnica, la sistémica, dentro del marco general de un
Servicio Público, para poner de relieve su aporte a la lectura de las
preguntas y a la organización de las respuestas.
Los grandes patrones explicativos de la conducta humana en pequeña
escala (Psicoanálisis, Conductismo, Sistémica, ...), tras prestarse
a un uso específico, selectivo y a menudo sin discriminación,
ahora ya se conforman con necesidades divulgativas y de integración,
proporcionando palabras-clave y conocimientos científicos también
a los que no pertenecen específicamente a ese ámbito. Teoría
y técnica están volviéndose cultura. Es así que
a uno se le ocurre encontrar cada día más conceptos analíticos
en otros lenguajes (inconsciente, transferencia, contratransferencia, complejo
de Edipo, Super-yo, defensas...) e incluso conceptos sistémicos ( chivo
expiatorio, sistema homeostático, doble vínculo comunicacional,
triangulación emotiva, síntoma relacional, causalidad circular,
contexto determinante..).
Todo ello requiere que los operadores públicos posean conocimientos
suficientemente amplios como para poder integrar saberes y técnicas
distintas, sin desvalorizarlos ni considerarlos en términos absolutos.
De todas maneras, se está hablando de trabajadores que tienen que ocuparse
de conductas humanas, cuyo sentido común tiene el respaldo de alguna
base científica y de su experiencia.
Más en detalle, la cultura sistémica podrá extender la
lectura de las dinámicas duales a los grupos complejos, y no sólo
a grupos de pacientes, sino también a grupos de médicos y sanitarios.
A continuación se indican, sin profundizarlos, los axiomas básicos
de la sistémica, surgida del empalme de varias disciplinas:
- el sistema es un conjunto estable de personas con un objetivo común
- cada sistema se orienta hacia la homeostasis, es decir que intenta mantenerse
igual hasta cierto límite, que una vez superado , o se modifica o se
autodestruye
- en un sistema es imposible no comunicar (Bateson, 1979)
- toda conducta (o síntoma) tiene un significado comunicativo
- la conducta de cada miembro del sistema determina y es determinada por la
conducta de los demás miembros, según un proceso de causalidad
circular y no lineal
- el contexto en el que se sitúan las conductas les imprime un significado
a priori, diferenciándolas de las mismas conductas en un contexto diferente
- cada familia es un sistema
- también el equipo que cura es un sistema y no es automáticamente
externo al sistema observado
Estos enunciados ofrecen un patente enriquecimiento a la lectura tanto de
un síntoma (conducta que hay que relacionar con su contexto), como
de las conductas familiares alrededor de un "chivo expiatorio"
, y de las disfunciones mismas de los sistemas terapéuticos. ¡Sólo
la relación dentro del contexto hace que una conducta o una situación
tengan sentido!
Se puede aplicar el enfoque sistémico a los momentos más importantes
del contacto paciente-familia-Servicio:
1. Análisis del envío
2. Reglas del Servicio para el acceso de sus usuarios
3. Contrato terapéutico
4. Actitudes de los trabajadores
5. Instrumentos y estrategias de intervención
3.1 Análisis del envío
Todo lo que acaba confluyendo en un Servicio Público
(síntoma, conducta, persona, llamada telefónica) pertenece a
algo más amplio, a un sistema, a un contexto. Este abordaje empieza
por teléfono, por cómo se piden y registran las informaciones.
Para comprender la petición de ayuda sobre un problema, hay que intentar
inmediatamente enfocar el medio ambiente que lo produjo, ampliar el rayo de
observación allende los elementos que se nos ofrecen, hasta abarcar
a la persona, en la cual se evidencia su sistema familiar, su habitat socio-cultural.
Ello nos evita hacer frente a la complejidad de la realidad a ciegas, permitiéndonos
situar mejor el acontecimiento en su divenir histórico y actual, y
nuestra intervención en la situación.
Mientras tanto: ¿quién pide la intervención ó
favorece el envío al Servicio? En los casos graves, de costumbre no
lo hace el interesado, sino un pariente cercano, el cual no aguanta más
el esfuerzo, o está ponendo en peligro su proprio equilibrio; por lo
cual, se puede suponer que esté dispuesto para dar algo en cambio con
el fin de protegerse; entonces, dentro de nuestros escasos recursos, la persona
que se encarga del envío se convierte en un elemento precioso para
obtener todas las informaciones posibles, para ofrecer su colaboración
en el tratamiento y utilizarle como mensajero y parte activa con los demás
familiares.
Y luego, ¿cómo connotar la petición de ayuda que nos
han hecho? Y ¿de qué manera la petición connota los acontecimientos?
Generalmente la petición nos llega en un sentido negativo, como síntoma
por sedar o comportamiento por normalizar, apartado de la crisis del sistema
de procedencia y de las interferencias del mundo que le rodea; es raro que
nos pidan salud.
Sin embargo la crisis, volviendo a su étimo griego, representa, aunque
sea doloroso, un momento de cambio; en este ámbito es la señal
de un funcionamiento obstaculizado en la esfera relacional, de una intolerancia
hacia un conjunto inercial de reglas de vida, percibidas como inadecuadas.
Es señal de un empuje confuso (estructurado ahora ya de manera patológica)
hacia soluciones mejores, de una tentativa de desembocar en un equilibrio
de poderes más representativo de nuevas realidades (por ej. la adolescencia,
con sus fuertes peticiones de autonomía que los padres todavía
no consienten). Sólo descubriendo y valorizando las demandas que implícitamente
ponen una tentativa de suicidio o un delirio, es posible enfocar el problema
, plantear una solución, sin atenerse a la entrega de psicofármacos.
Una insidia puede ser generalmente la urgencia que implica, y que nos tiene
en jaque: el chantaje de conductas nocivas nos obliga, como toros ofuscados
por el peligro o como hombres acongojados por las consecuencias legales, a
realizar intervenciones apresuradas, en las que no hemos reflexionado lo suficiente
para que no resulten inútiles o perjudiciales. Las peticiones de ayuda
urgentes se deben asumir inmediatamente, pero la respuesta debe ser diferida
y programada trás una hipótesis mínima de lectura, de
su significado y de las conducatas que denuncia, por parte del Servicio. Urge
el primer contacto, pero no concretamente la terapia.
La dignidad de una urgencia psiquiátrica es de hacernos tropezar en
las situaciones que tenemos que "enganchar" para luego planear
su enfrentamiento: no se solucionan en un instante los problemas complejos
y profundos de la vida.
Si nos precipitamos haciendo una visita domiciliaria con la misma carga emocional
de quien nos ha llamado, corremos el riesgo de poder ofrecer nada más
que una sedación momentánea, destruyendo las posibles informaciones
y estrategias futuras, instaurando una relación que difícilmente
podrá modificarse. Cuando falta el equilibrio interno dentro de una
familia o de un grupo, se crea una angustia que necesariamente trata de descargarse
al exterior, reclutando respaldos y apoyos, intentando triangular la emotividad
en otras personas o en los Servicios para no modificar situaciones conocidas
y, por lo tanto, tranquilizadoras.
El Servicio debe aceptar asumir momentáneamente la angustia familiar,
dejándose enviscar por el problema, pero siendo consciente de ello;
luego debe planear las etapas de una intervención basada no ya en la
urgencia, sino en un cambio a largo plazo, involucrando los protagonistas
verdaderos (que no somos nosotros, sino quien vive en la situación
y que de buena gana se eclipsaría, delegándonos todo el asunto).
Si los familiares se dan cuenta de que estamos dispuestos a compartir el cargo,
pero que existe también la posibilidad de leer de manera lúcida
los elementos en juego y que ellos mismos están capacitados para elaborar
una estrategia más fructuosa, ya no se sentirán solos ni tendrán
ninguna cohartada para no comprometerse en todo ello. <inicio>
3.2 Reglas del Servicio para
el acceso de sus usuarios
Con respecto al punto anterior, aquí se pone
el acento no en quien pregunta, sino en quien contesta.
En la organización del Servicio, debe valorizarse mucho el primer contacto,
en lo que se refiere al tiempo disponible, y a la atención prestada;
es un momento en que la persona que pide algo se encuentra descubierta, sin
defensas, más dispuesta a hacer concesiones; la situación es,
pues, más leíble en sus disfunciones.
¿Cómo conseguir algo, de la mejor manera, de una relación
Servicio-usuarios, en un primer momento más bien que en el futuro?
- disponer de informaciones de primera mano, lo más exhaustivas y detalladas;
y nosotros, ignorándolo todo, estamos autorizados para poner cualquier
tipo de pregunta directa o indirecta, aunando puntos de vista diferentes,
leyendo las interacciones en vivo más cercanas a la realidad sin que
todavía estén organizadas para la fachada exterior, podemos
percibir los distintos significados que las personas atribuyen a los hechos...
Durante los encuentros sucesivos todo se da por descontado o es manejado:
es una tarea difícil y si declaramos no conocer cosas a las cuales
ya se ha aludido, o que no hemos profundizado, ésto nos quita credibilidad.
- ensanchar el campo de observación más allá del síntoma
y del problema ; ir en busca del resorte soltado en el contexto y que ha hecho
que la diferencia, antes aceptada, ahora se acentúe y se la quiera
expulsar. Individuar cuál es el elemento que ha roto el equilibrio;
devolver a la persona su complejidad, mirándole bajo más facetas,
no simplemente en su síntoma, en su enfermedad, sino en su historia
personal, en sus aptitudes, en sus relaciones; enfocar figuras y energia especiales,
aparentemente marginales respecto al sistema (p. ej. abuelas, tíos,
vecinos, colegas dispuestos a colaborar, conocidos...)
- devolverles comprensibilidad y sentido a los fenómenos existenciales,
que se han vuelto patológicos, tal vez porque no tuvieron respuestas;
reconstruir la red de donde surgieron, los ejes horizontal y longitudinal
donde se sitúa el ambiente interno y externo (micro y macrosocial),
el ciclo de vida (la salida de la familia, los lutos...); reestructurar desde
ahora una cultura de conocimientos, respeto e interacción con lo "diverso";
reanudar una red de comunicación entre los miembros del sistema.
- delimitar el problema para evitar che se vuelva indefinible e indiscutible,
para evitar que no sólo ciertas "conductas locas" sino
todos los gestos de "ese loco" se vuelvan locos y de exclusiva
pertenencia nuestra; y que los parámetros de confrontación en
los encuentros sucesivos, se confundan a la hora de evaluar el posible aumento
o disminución de la patología.
- ofrecer la disponibilidad del Servicio (que luego se dará por escontada)
a cambio de la disponibilidad de la familia, planeando enseguida reglas de
colaboración común , una especie de contrato, impidiendo la
descarga brutal del "loco". No ofrecer soluciones milagrosas que
antes ilusionan y al no cumplirse crean un acrecido sentido de impotencia
y de abandono de la confianza; hay que crear espectativas adecuadas.
- validarnos desde el principio como agentes neutrales, no parciales (pero
no inafectivos) ni en pro del "pobre enfermo" (el cual muy a menudo
gracias al poder del síntoma controla la situación, sin saber
en cambio por donde salirse) ni en pro de la norma familiar (tampoco la familia
no sabe cómo salirse), intentando abrir más recorridos de lecturas
y caminos de intervención, para obrar en un enfoque de interacción.
- obligar y permitir que los recursos restantes del paciente, de la familia
y del medio puedan expresarse completamente; pedir al contexto comunitario
e institucional que se haga cargo del problema, ofreciéndole, de nuestra
parte, colaboración para plantear nuevos esbozos de proyectos (¡necesarios!)
más que recursos substitutivos (a veces inoportunos e incluso dañinos,
porque apagan los estímulos y hacen que las personas descansen en el
"calido vientre de la institución"). En el proyecto de
cooperación al cambio es necesario involucrar la red familiar y social,
sin ilusionar a pacientes y familiares haciéndoles creer que nuestras
respuestas y recursos por sí solos son la mejor alternativa; ofrecer
en cambio, si hace falta, recursos integrativos y no substitutivos de la organización
familiar.
- aclarar desde el principio que sólo gracias a nuestra distancia emocional
podemos "leer" mejor la situación , dirigiéndola
hacia nuevas reglas de comunicación (helpers relacionales).
- valorizar y provocar la afectividad y las emociones de los familiares o
afines: éstas, cuando mal enfocadas (cf. la teoría anglosajona
de la elevada emotividad expresada), acarrean malestar y recaídas;
en cambio, si están bien encauzadas, pueden crear un choque regenerador
y convertirse en el mejor agente terapéutico. Las culturas chamánicas
ya curaban al loco poniéndole por una temporada al centro de la atención
ritual y cariñosa de la tribu.
- poner en tela de juicio incluso nuestra afectividad, también como
ejemplo de corresponsabilidad, pero siempre gestionándola de manera
racional sin dejarla libre en las situaciones.
Un filtro de acceso basado en la competencia y el diagnóstico pertenece
a una visión médico-organicística que, en el sector de
la salud mental, resulta demasiado simplificadora con respecto a la realidad,
y,ciega, frente a la viveza comunicativa de los movimientos relacionales.
<inicio>
3.3 Contrato terapéutico
Es el resultado del acuerdo entre paciente y familiares
sobre lo que es más conveniente para la situación, a partir
de una visión compartida de lo que está ocurriendo y utilizando
patrones de brain storming y problem solving.
En particular, se obra para:
- definir el problema, comúnmente, entre todos los miembros de la familia,
escuchando la opinión de todos, haciéndoles interaccionar, trabajando
con preguntas circulares (solicitar un miembro sobre las interacciones de
los demás), etc. hasta que no se llegue a enfocar un diagnóstico
de la situación aceptable para todos.
- definir el objetivo mínimo, pero compartido por todos, que hay que
alcanzar. No es aconsejable apuntar a lo más alto, sino conseguir la
adhesión de todos. Una vez obtenido éste, se puede proponer
otro, si hay demanda en tal sentido. Todo debe reflejar la cultura de la familia,
antes que la del Servicio.
- definir etapas comunes y compromisos de los varios protagonistas. Si todos
se sienten valorizados en estas dos primeras fases, manifestarán cierta
tendencia a colaborar, porque el proyecto no es nuestro, sino suyo.
- evaluar y valorizar los pequeños resultados porque éstos implementan
el cambio. Un acontecimiento, aunque mínimo, pone en marcha las ideas
y la situación familiar, gratifica y estimula a emprender nuevos caminos,
ennoblece la imagen interna y social del paciente, ayuda nuevamente a esperar
un cambio.
- definir una hipótesis de recorrido no sólamente por objetivos,
sino también temporal. Cuando los objetivos resultan demasiado difíciles,
es preciso fijar un límite de tiempo para conseguirlos o abandonarlos;
de esa manera es posible pensar en otros más realísticos, evitando
repeticiones viciosas de fracasos - come sugiere la teoría de la desocialización
progresiva de Spivak - con consiguiente pérdida de la esperanza y cronicidad.
- intentar separar el sistema familiar del Servicio, después de un
recorrido satisfactorio o para evitar la prosecución de uno demasiado
frustrante; intentar darle autonomía para realizar sucesivamente un
encuentro fundado en algo nuevo.
La confianza en la "curación" de las psicosis graves parece
irrealística tout court, pero a veces se torna contagiosa y eficaz;
por otra parte, la bibliografía psiquiátrica más reciente
sobre los estudios a largo plazo confirma este dato (Warner, 1985).
La contratación de la cura es una praxis que ahora responde tanto al
derecho de los ciudadanos usuarios o clientes de la estructura sanitaria,
como a la necesidad de convertirlos en protagonistas a fines terapéuticos.
Si se quiere que un tratamiento alcance su verdadero objetivo, es decir la
autonomía de las personas respecto a la enfermedad, hay que favorecer
la capacidad de asumir, gestionar, modificar sus problemas y pedir, si hace
falta, el auxilio activo del especialista-consultante.
Todo contrato humano es un compromiso que hay que respetar; de todas formas
representa un rastro por donde caminar, modificable según los obstáculos;
a menudo hay que determinar nuevamente los objetivos y las etapas o los tiempos,
pero por etapas se crean huellas luminosas útiles para orientarse en
la niebla del malestar humano. <inicio>
3.4 Actitudes de los trabajadores
Nuestros interlocutores se reflejan en nosotros,
intentan ver en nuestros ojos y en nuestra postura qué pensamos verdaderamente
de ellos, más allá de la palabra; a veces un gesto nuestro envía
un mensaje más fuerte que una hora de coloquio y de su contenido.
Los terapéutas deben tener conciencia de sus propias emociones y ser
capaces de dirigir su propia afectividad sobre trayectorias de potenciación
y de no contradicción con respecto al proyecto enunciado; gestionar
sin anular la potencia de su propia afectividad.
Por lo tanto, una actitud correcta y profesional prevé lo siguiente:
- utilizar de manera consciente la afectividad sin adhesión o rechazo
total de la situación. La identificación acrítica o el
rechazo idiosincrático del usuario no son consecuencias de sus características
sino de los problemas de los operadores, que no deben descargarse sobre un
usuario ya en dificultad.
-enviar mensajes claros, acordados a priori durante los encuentros entre los
miembros del Servicio y, por consiguiente, que todos puedan reproducir, incluso
en el código analógico, en la comunicación no verbal.
-ser neutrales sobre los contenidos de los problemas, que no tienen que reflejar
forzosamente nuestra ideología o cultura. Pueden ocurrir momentáneas
alianzas con un miembro del sistema; en este caso, se puede desempeñar
teatralmente el papel relativo, pero de manera consciente.
- volver explícito lo implícito, la ambivalencia de ciertas
actitudes, con el fin de permitir a los protagonistas llegar al insight y
a dar un paso hacia adelante.
- recoger datos y elaborar proyectos conjuntamente, sin detenerse en los comentarios
(metacomunicación) o consejos. La participación debe ser estimulada
a un nivel emotivo y de cambio de conducta más que a nivel teórico,
porque intelectualizar los problemas sirve a menudo sólo para "fotografiarlos"
sin modificarlos. Los cognitivistas podrían no estar de acuerdo, pero
el modelo que aquí se adopta tiene su lógica de tipo conductista.
- no culpabilizar sino corresponsabilizar a los pacientes tanto acerca de
las hipótesis etiopatogenéticas come sobre los proyectos operativos.
La culpa inmoviliza, la responsabilidad junto a otros estimula. Por otra parte,
la "ciencia psiquiátrica" ofrece varios patrones interpretativos
que son todos sólo probabilísticos.
- ofrecer un buen ambiente y apoyo, un lugar y personas en las que se pueda
descargar un poca de angustia, donde refugiarse temporáneamente para
descansar.
-no crear demasiadas expectativas de éxito inmediato sólo para
facilitar el enganche y luego desvanecerse. Es la continuidad en el transcurso
del tiempo, aunque con objetivos reducidos, que permite a una persona y a
sus familiares ajustarse a un programa y participar en el cambio.
- privilegiar la construccion de una relación de confianza, fundamento
básico de todo intercambio de mensajes y emociones, único vehículo
capaz de tranquilizar, y de posibilitar el cambio.
- reconocer las potencialidades y despertar en cualquiera, incluso en los
crónicos más estabilizados, su capacidad residua para participar,
para interaccionar, para volverse protagonistas de los proyectos sobre ellos
mismos, convirtiéndoles en "proyectos" junto a ellos.
- evitar el dominio de las lógicas y dinámicas internas del
Servicio (equipo como sistema malogrado y esquizofrenógeno, cuyo objetivo
es únicamente su reproducción burocrática), pero al mismo
tiempo fomentar el debate sobre los contenidos en la interacción con
la situación de cuidado.
¿Por qué prestar tanta atención a la conducta-comunicación
de los operadores, mucho antes de interesarse en el proyecto terapéutico?
Porque varios estudios realizados por profesionales de distintas técnicas
de terapia psicológica han demostrado de modo incontestable la eficacia
de los factores humanos no específicos frente a los técnicos
(Saraceno, 1995); el verdadero instrumento terapéutico es la personalidad
de quien proporciona la cura: "se cura más con lo que uno es,
que con lo que uno hace", como subrayaba el psicoanalista francés
Nacht.. <inicio>
3.5 Instrumentos y estrategias de intervención
Todo, una idea, una palabra o acción cualquiera,
puede ser utilizable, con tal de que esté en conexión con un
proyecto de referencia y busque la más amplia adhesión posible
de nuestros interlocutores.
A partir del análisis del sistema de procedencia, familiar u otro,
y de la reestructuración de éste, se atribuye un nuevo significado
a los gestos relativos a ese recorrido.
Sin embargo, un sistema disfuncional debe, en primer lugar, encontrar un Servicio,
indirectamente pedagógico que le ofrezca nuevas reglas de comunicación
(interesándose más en las relaciones que en los contenidos;
terminado ya con la carcel manicomial tendríamos que permitirnos operar
una diversificación sobre modos de vida y uso de los recursos) y nuevos
enfoques para encarar los problemas.
Ahora haría falta entrar en las técnicas específicas,
distintas según cada escuela; uso lúcido de la paradoja, extensión
del método análitico a la familia, determinación estratégica
de límites y papeles, uso de la sugestión para modificar la
percepción de los problemas, etc. ...
De todas formas, se pueden esbozar estrategias generales que se pueden adoptar
también en un Servicio Público.
- ponerse siempre entre homeostasis (respeto de la situación que ha
llevado al sufrimiento) y cambio, sin violación de los esquemas jerárquicos,
cognitivos, éticos, conductistas, culturales de la familia, incluso
mediante un reflejamiento respetuoso, para que todos puedan expresarse y encontrar
gratificación al sentirse escuchados.
- no crear enfrentamiento con la familia sino alianzas con miembros cada vez
distintos, depositarios de enfoques divergentes, para hacer reflexionar al
final sobre la inactualidad de los esquemas generales de la familia e intentar
modificarlos.
- mirar con lucidez al riesgo de un excesivo respeto de la homeostasis que
favorece nuestro involucramiento en la relación familiar, que acarrearía
probablemente una cronicidad del problema ( tornarse amigo de la familia,
necesario a su estatus quo, ocupando una posición precisa dentro de
sus dinámicas ).
- proceder gradualmente en todo movimiento, en toda indicación, según
un recorrido de lenta pero armónica transformación, manifestando
nuestra disponibilidad para modificar nuestras hipótesis ineficaces
y a derribarlas; no creer en la omnipotencia del sistema terapéutico
confiando en un todo y en un momento... porque somos sólo uno de los
elementos en juego ( actuar con realismo nos vuelve menos impetuosos y frágiles
frente a la culpa). <inicio>
¿Cuáles son las ventajas que pueden derivar de un uso correcto
de elementos sistémicos para un Servicio Público?
- situar mejor la intervención, insertando cada elemento de la situación.
- utilizar mejor las relaciones preexistentes y no sólo las fantasmáticas,
sin tener demasiada prisa para crear otras artificiales.
- reducir la desconfianza y el sabotaje de la familia, como frecuentemente
ocurre en el caso de tratamientos duales, excluyentes.
- descubrir de nuevo y valorizar figuras y recursos secundarios pero tal vez
fundamentales por su autonomía de opinión y de acción.
- reducir la estigmatización de la locura en su deconstrucción
dentro de un (complejo) juego comunicativo, semejante, aunque exasperado,
al juego de las relaciones humanas comunes.
- cruzar los recorridos de las vidas humanas con una mirada no estigmatizante,
sino respetuosa, casi fenomenológica.
- favorecer la autorreflexión del Servicio sobre su comunicación
interna y externa, sus defensas, su responsabilización.
- crear un marco de síntesis eventual de lecturas y culturas distintas,
para que éstas resulten compatibles en un mismo Servicio, dentro del
cual los trabajadores tendrán cada vez más formaciones dishomogéneas
; no ponerse por encima de las partes, sino como red de conexión entre
abordajes distintos.
En los nuevos horizontes internacionales, donde hay un vínculo más
estrecho entre costes y beneficios, incluso en el campo de la salud, con un
margen reducido de asistencia indiferenciada (para los usuarios y para los
operadores), el enfoque sistémico puede ser más autorreflexivo
y dinámico que otros; por lo que atañe a algunos problemas:
ensanchar el horizonte hasta abarcar todos los elementos presentes en la situación
(desde los micro hasta los macro), respetar todas las culturas que componen
el sistema terapéutico, la conexión entre elementos y culturas
en un sentido actual, ofreciéndoselos (sin imposición) a los
sujetos involucrados, proporcionando asimismo una especial atención
hacia respuestas eficaces conformemente a los recursos gastados y una afinada
capacidad de integración en la red de los subsistemas socio-sanitarios
más cercanos.
No es conveniente, en cambio, utilizarlo para profundizar aspectos intrapsiquícos
o para producir modificaciones cognitivas rápidas...
La presente tentativa, algo imperfecta, de utilizar "fragmentos"
de sistémica, aunque sin una específica terapia familiar, puede
repetirse con los demás grandes patrones epistemológicos y técnicos
en el campo psicológico (psicodinámico, conductista, cognitivista...)
Sin embargo, el objetivo prioritario es el de mirar a la cara a la persona
que sufre y proponerle respuestas personalmente adecuadas, sin considerar
nada por absoluto, sin totalizar ningún instrumento de cura, sin reproducir
sus exigencias de acrecentar su proprio mercado, de lo contrario, se corre
el riesgo de proponer nuevamente, en versión más soft, la totalización
de la intervención manicomial. <inicio>
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